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MicroHistorias

Los eternautas de Cerro de Pasco

En Cerro de Pasco, se despierta con plomo, se desayuna con mercurio, se estudia con cadmio y se duerme con arsénico. Desde hace siglos, los cerreños son acechados por la muerte. No están seguros en casa o fuera de ella. No hay trajes especiales que los protejan. Una ciudad minera es un mundo postapocalíptico sin ciencia ficción. 

La muerte está en el aire, en el agua, en el suelo, en la comida, en el cabello y en la sangre. “Es como una pandemia eterna”, dice un cerreño, uno de los 70 mil habitantes que viven en una dimensión paralela donde la gente está destinada a morir por un dígito, por el PBI, por la economía peruana.

Ilustración: Nicolás Palacios (15) – Centro Labor

En Cerro de Pasco las calles tienen los nombres de los metales que enferman y matan a miles de niños. Hay una plaza en donde se alzaron cascos mineros gigantes y en el centro hay un cráter, una herida con una profundidad de 600 metros, abierta por la compañía Volcan. 

Los primeros hilos de plata que un pastor de ovejas encontró en una cueva serían el inicio del extractivismo que comenzó hace más de 400 años en Cerro de Pasco. Primero sería la colonia española, luego Investment Company, después Cerro de Pasco Copper Corporation, más tarde Centromin y finalmente la Unidad Minera Paragsha, operada por la compañía Volcan.

Ilustración: Adriana Centeno (16) – Centro Labor

“Desarrollo que mata no es desarrollo”, dicen quienes sobreviven a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar. Hasta los 90 no existían estudios científicos que evidencien la intoxicación en los habitantes. Hay personas que murieron sin saber el porqué. Recién en 1996, en el barrio obrero de Miraflores, el Centro de Información y Control Toxicológico de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) hizo una evaluación a niños y ancianos, y se halló altos niveles de plomo.

Un eternauta, según el escritor Héctor Oesterhelds, es un viajero de la eternidad que atraviesa dolores para tratar de hallar paz para los suyos. En 2015, las y los cerreños caminaron por 15 días hasta Lima, la capital del Perú. Niños y niñas con más de 10 metales en su cuerpo marcharon en el 2020 a pesar de la pandemia de la Covid-19, gritaron para que Lima y sus gobernantes los escucharan, pero hoy muchos de ellos ya no están.

Ilustración: Jazmin Carhuaz (17) – Centro Labor

La convivencia entre minería y ciudad/campo se vende bonito en las conferencias de empresarios, pero en realidad es un relato lovecraftiano: un agujero devorando territorios y esperanzas. El barrio de Miraflores ya no existe, hoy es solo desmonte minero. Hubo desplazamientos forzados. Antes del tajo a cielo abierto existían calles, viviendas, plazas, tiendas, personas, etc.

“Tenemos una ciudad que se construye y se destruye al mismo tiempo”, dice Jaime Silva, miembro del Centro Labor que nació y creció en Paragsha, uno de los centros poblados más afectados por la minería. Cuando se enteró que el agua tenía metales, pensó en su familia. Compró muchas botellas de agua y las sacó de la ciudad, pero no es fácil, aún sigue luchando como tantas otras familias.

Ilustración: Hanna Zavala (16) – Centro Labor

En el directorio de la minera Volcan está José Picasso Salinas, miembro de los Picasso, una familia de la élite peruana que posee diversas empresas en varios rubros y con poder en megaobras como el Megapuerto de Chancay. Y entre sus accionistas están los empresarios José Ignacio de Romaña Letts e Irene Letts Colmenares de Romaña. Aunque la mayor tajada la tiene Transition Metals AG, subsidiaria de la firma argentina, Integral Capital.

Según el Ministerio de Salud, Pasco es una de las regiones más expuestas. A nivel nacional, son más de 10 millones de peruanos en riesgo, una tercera parte del país que vive en la Amazonía, el ande y la costa. Todos ellos esperan que los gobiernos los tomen en serio. Sin embargo, hasta ahora el Plan Especial Multisectorial (PEM) que debía atenderlos no avanza y ni siquiera existe un registro nacional para priorizar a poblaciones expuestas.

Ilustración: Jham Luna (16) – Centro Labor

Las víctimas de las industrias extractivas se han organizado en la Plataforma Nacional de Personas afectadas por metales pesados, metaloides y otras sustancias químicas tóxicas (Planametox). Ancianos, adultos, jóvenes y niños siguen viajando y protestando porque para el Estado su vida vale S/ 2, según el presupuesto actual destinado a la atención de afectados por metales.

El presupuesto para este 2026 es de apenas S/ 13 millones, un monto mucho más bajo que el presupuesto del 2025, el cual alcanzó apenas los S/ 20 millones, y que incluso así fue considerado un monto ínfimo para atender a los peruanos expuestos a metales.

En tanto, la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) se reunió con la Planametox este viernes 24 de abril. En aquel encuentro, el gobierno acordó que recién el próximo viernes 15 de mayo, los afectados por metales tendrán un balance sobre la ejecución del plan y se sabrá si realmente se extenderá el PEM que finaliza a fin de año.

Anotaciones:

Las ilustraciones le pertenecen a niños y jóvenes que participaron del concurso organizado en el Festival Ecoarte del 2023. Agradecemos a Centro Labor Pasco y la Planametox.

Texto: Jair Sarmiento Aquino

Edición: Carolina Morales Esteban

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