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Los millonarios empeoran los incendios y el calor

Mientras el Perú se incendiaba Keiko Fujimori se
reunía con extractivistas y negacionistas climáticos 

Las brigadas indígenas informan que, cada año que pasa, los incendios forestales son peores porque el planeta se calienta más y más debido a la contaminación global de grandes corporaciones y países de primer mundo, lo cual genera el cambio climático. La gran responsabilidad no está en el campesino que no puede controlar el fuego, está en el empresariado que destruye y saquea los territorios originarios.

Las compañías petroleras, gasíferas, mineras e industriales liberan gases que atrapan el calor en la atmósfera del planeta Tierra. Mientras más gases se liberan, más calor se acumula y la temperatura aumenta. En consecuencia, se alteran las lluvias, los bosques se secan, y los incendios forestales se vuelven cada vez más incontrolables. Además, los territorios deben convivir con el extractivismo que los amenaza, enferma, despoja y mata a diario.

Las personas más ricas del mundo son responsables de casi la mitad de la contaminación que calienta el planeta, según el informe Emissions Gap Report 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, indica que los países “de primer mundo” generaron el 57 % de las emisiones acumuladas de CO₂ procedentes de combustibles fósiles e industria entre 1850 y 2019. Mientras que sólo 100 empresas privadas y estatales son responsables del 71 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) desde 1988, según el reporte de The Carbon Majors. 

Mientras el Perú se incendiaba, Keiko Fujimori se reunió con empresarios de sectores extractivistas en Palacio de Gobierno.

El 19 de octubre se dio cita con Julia Torreblanca Marmanillo, directora de Cerro Verde, minera de la multinacional estadounidense, Freeport McMoRan, la cual acumula un extenso historial de contaminación en sus operaciones globales de extracción de cobre y oro. 

Ese mismo 19 de octubre, mientras los bosques se seguían calcinando en varias regiones del país, Keiko recibió a ejecutivos de Comex Perú, gremio que agrupa a directivos de empresas y holdings como Hochschild Mining, Poderosa, Grupo Intercorp, Metalurgica Peruana, Maple Energy, Grupo Breca, Nexa Resources, Anglo American, entre otros.

A pesar de este escenario, las corporaciones son expertas en hacer greenwashing a través de “campañas de donación” para tratar de blanquear el impacto ambiental de sus operaciones. Los incendios forestales no son solo desastres naturales, el fuego también es consecuencia del modelo económico neoliberal que destruye bosques para generar riqueza. “Las prácticas ancestrales no hacen arder el Perú, el capitalismo sí”, decía la lideresa asháninka Ketty Marcelo en 2024.

El 22 de octubre, un día después del gran incendio en los Uros (Puno), Keiko Fujimori se reunió con Gerardo Bongiovanni, personaje cercano a Javier Milei, el presidente argentino que desinforma y niega el cambio climático a pesar de la evidencia científica y social. Bongiovanni preside la  Fundación Libertad, uno de los think thank que recibe el apoyo de Atlas Network, una organización de EEUU que fomenta la desregulación ambiental del neoliberalismo.

La Fundación Libertad es parte de la Fundación Internacional para la Libertad (FIL), presidido actualmente por Álvaro Vargas Llosa, embajador de Perú en EEUU que tomó el mando de este think tank tras la muerte de su principal impulsor y padre, Mario Vargas Llosa.

Álvaro Vargas Llosa, Gerardo Bongiovanni y Javier Milei.

Según el Ministerio de Defensa, ya no hay incendios forestales activos. Sin embargo, podrían reactivarse. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierten que El Niño podría alcanzar un pico histórico entre noviembre de 2026 y enero de 2027, y sus efectos agravados por el calentamiento global empeorarán el calor y la sequía, aumentando el riesgo de incendios.

El asistencialismo corporativo y estatal es un maquillaje a la crisis climática. Se necesitan políticas públicas que hagan frente al cambio climático porque mientras las industrias obtienen beneficios de actividades que calientan el planeta, los pueblos indígenas que dependen de los bosques afrontan las consecuencias más graves del cambio climático. 

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